Acompañar desde la palabra no es aconsejar, dirigir ni interpretar.
Tampoco es intervenir en procesos médicos o psicológicos.
Mi práctica se sostiene en un gesto más simple y más humano: estar presente con claridad, sin invadir y sin imponer.
La palabra, en este oficio, no es herramienta de diagnóstico ni de tratamiento.
Es un espacio donde la persona puede ordenar lo que siente, distinguir lo que le pertenece de lo que no, y recuperar un modo más propio de habitar su experiencia.
Acompañar desde la palabra implica escuchar sin urgencia, preguntar sin dirigir y ofrecer un borde que permita ver con más nitidez.
No trabajo con técnicas clínicas ni con metodologías terapéuticas.
Trabajo con la conversación adulta, con la presencia y con el respeto por los límites profesionales.
Mi responsabilidad es mantener ese marco.
Mi compromiso es no ocupar lugares que no me corresponden.
Mi oficio es humano, no clínico.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario